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OTRA
VISITA MEMORABLE A MONTBLANC AG,
la fábrica de instrumentos de escritura
de avanzada
a pocos kilómetros del centro de
Hamburgo.
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| Apenas
llego, me embarga la emoción: "Welcome
Mr L. Hepner and Mr F. Rabbat", dice
el cartel, pasando el gran arco de la entrada.
Tengo la suerte de compartir esta visita
con Freddy Rabbat, el manager de las boutiques
Montblanc de São Paulo y Rio de Janeiro,
y el recibimiento nos impacta a los dos.
El sr. Zonke Törnieporth, vicepresidente
de ventas de Montblanc AG, nos espera para
guiarnos en nuestro tour, y somos la noticia
del día. Este imponente portal de
piedra recrea la entrada original del famoso
edificio de Schanzenviertel, donde Montblanc
produjo sus piezas hasta 1989.El gran crecimiento
de la compañía en los años
80 la obligó a mudarse a esta eficiente,
flamante sede de oficinas y fábrica
de instrumentos de escritura (los relojes
son creados en Les Locle, Suiza, desde 1997),
a algunos kilómetros del centro de
la ciudad de Hamburgo. |
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| Un punto perfecto
para empezar es el departamento donde se producen
exclusivamente plumines Meisterstück 144,
que, luego de pasar por diez estaciones de trabajo
diferentes, estarán listos para ser ajustados
a las lapiceras. En una de las salas, un grupo
de artesanos está soldando las puntas de
iridio a las bases crudas, cortadas de una delgada
lámina de oro sólido. Sostenido
con delicadeza por una herramienta de precisión,
el plumín desciende suavemente hacia un
molde redondeado, donde una pequeña bolita
de iridio rueda y danza como en una ruleta. |
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La punta la toca apenas
y se funde con ella, emitiendo una intensa
luz roja: lleva solo un segundo, y el plumín
inmediatamente es removido y puesto a descansar
sobre una bandeja. Desde el primer pulido
bajo un disco de metal que gira a grandes
velocidades, recubierto de diamantes, hasta
el último bruñido manual de
la punta, el plumín atravesará
una serie de pasos al final de los cuales
será llevado al tamaño y la
forma requeridas, siempre bajo el control
del ojo y la mano humanas.
Diez tipos de plumines son creados aquí,
y cada uno de ellos requiere una técnica
diferente. Los artesanos trabajan a un ritmo
incesante y es la repetición perfecta,
cada dos o tres minutos, lo que hace tan
fascinante su actividad; cada uno de ellos
está altamente especializado, y entrenado
para encargarse solo de una o dos etapas
del proceso.
Unos bandejones de acrílico simbolizan
bien esta nueva "producción
en islas": contienen plumines en los
varios niveles de su elaboración,
que son transportados de una estación
de trabajo a otra. Mi visita continúa
por el taller donde los anillos de las lapiceras
Meisterstück son cortados de largos
y centelleantes tubos de oro, para luego
caer a un contenedor.
Pero veo un anillo; un solo anillo mucho
más grande que cualquiera que haya
visto en una Meisterstück... Mirando
más de cerca, este anillo único
revela los tres anillos clásicos,
sostenidos por dos piezas de metal perforadas
que, en el proceso de inyección que
sigue, son rellenados con resina preciosa.
Diamantes y otras piedras son engarzadas
a mano por los maestros orfebres, en los
puntos indicados por una fila de modernos
taladros automáticos de cinco ejes.
Los patrones computarizados que muestran
dónde colocar las piedras son dibujados
en el cuerpo de metal.
Con una producción de una o dos piezas
por día, del taller de artesanos
salen un total de cincuenta lapiceras por
mes. Paso luego a una de las áreas
de control de calidad, donde las lapiceras
de prueba son expuestas a una temperatura
de 98.6º Farenheit desde atrás, mientras
que la punta se mantiene a temperatura ambiente.
La diferencia causa inevitablemente condensación
en el interior del capuchón, uno
de los mayores problemas de las plumas,
especialmente cuando son llevadas en el
bolsillo de un traje o camisa, cerca del
calor del cuerpo. Las lapiceras permanecen
en este laboratorio hasta cinco semanas,
mientras que los técnicos estudian
cómo actúa este fenómeno
y cómo prevenirlo.
Otra máquina, mientras tanto, escribe
cartas eternas sobre papeles sin fin en
estilo japonés, europeo y norteamericano.
Cada lengua, cada tipo de escritura, requiere
una calidad de plumín especial. Durante
mi recorrido me encuentro con varios grupos
de personas provenientes de todo el mundo,
que visitan la fábrica guiados por
los especialistas de la Academia Montblanc
que funciona aquí: son empleados
de las 220 boutiques, dueños de negocios
de escritura, periodistas y joyeros, fascinados,
como yo, por este templo de la |
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| escritura donde
ningún detalle queda librado a los sobresaltos
del azar. Más importante que los datos
técnicos que se aprenden, sin embargo,
es entrar en contacto directo con este mundo impresionante
de la marca, en su propio entorno de lujo y perfección
supremas. |
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